Pasos de cebra
En São Paulo y Río los pasos de cebra, donde los hay, no son más que listas de pintura blanca decorando la calzada. No se trata de una figura retórica, no. Los pasos de cebra no tienen ningún significado. Ningún conductor se parará delante de uno para que podáis cruzar. Ni el mejor de ellos. En la cultura brasileña, en la que la idea de que el coche es Dios y el peatón un estorbo, no hay lugar para interacciones entre esos dos seres en las que el poderoso ceda al débil [en un número reducido de poblaciones brasileñas hay una tradición de respetar el paso de cebra; entre ellas Camboriú o Brasilia].
Otra información de utilidad para el peatón es que, fuera del centro de las grandes ciudades, las intersecciones de calles muchas veces no tienen semáforo para el peatón. Con lo que este se tiene que arriesgar a cruzar cuando el semáforo de los coches está rojo para los que vienen en un sentido, y teniendo cuidado de que no te atropellen los que lo tienen verde viniendo en el otro sentido del cruce.

